5 consejos para un hijo. El último es el más importante

Ocurrió hace unos 15 años en casa de mi abuelo. Le acababa de dar una nalgada a mi hijo. El viejo levantó la mirada como el que apunta con fusil y me espetó, “No recuerda el gallo que una vez fue pollo”. Según cuentan mis tíos el abuelo siempre tuvo la mano ligera. Pero los años le habían enseñado algo. Y me lo dijo en forma de reprimenda.

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Qué me enseñó Irene (una lección impagable para un ateo)

Los granos de arena

Una tarde Irene me confesó con tristeza que la vida se le apagaba. Intenté sacarla de su pesada burbuja, pero no debí ser muy convincente.
Le dije que incluso mi vida podía ser más corta que la suya. Pero ambos sabíamos que con 92 años los granos de arena del reloj ya estaban contados. La conversación transcurrió en la residencia de ancianos donde vivía Irene desde hacía 4 años.

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Como conocí a Ronaldo y qué aprendí de él

Llamé al vendedor y accedió a venderme dos gallinas de la raza Leghorn por treinta euros, a condición de que me quedase con uno de sus gallos. No quise el trato. Tener un pájaro de 2 kilos cantando en mi ventana a las 4 de la mañana no entraba en mis planes. Luego me arrepentí y lo volví a llamar.

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Por qué es importante lo insignificante

Persiguiendo lo improbable
En 2010 Dave Brailsford, impuso a su equipo ciclista británico una hazaña que nadie en su país había logrado hasta entonces: ganar el Tour de Francia. En una prueba dominada hasta entonces por españoles, franceses o italianos, Brailsford no contaba siquiera con alguna figura que pudiese alcanzar un maillot amarillo. Pero el nuevo entrenador tenía un plan.

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Por qué hay una bomba de relojeria cerca de Canarias

Mi bisabuelo se bajó los pantalones para sentarse en el vater, una tabla con un agujero en el interior de una casucha separada de la casa. Cuando empezaba a ponerse en posición, las tablas cedieron y terminó en el pozo negro. Al hombre lo estuvieron fregando durante días para quitarle el olor. Pudo haber sido peor de haber vivido en otros campos.

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