El profeta de otras tierras

Uno de los paquetes más colocados al pie de los árboles de navidad fue “Assassins Creed”, un videojuego inspirado en un corsario canario.

Amaro Pargo nació en La Laguna en 1678. De joven embarcó en el buque “Ave Maria”. Durante la travesía fueron atacados por piratas y el joven marino evitó el abordaje. El agradecido capitán le regaló su primer barco, con el que empezó una carrera, como comerciante de esclavos primero y como corsario después, que le hizo rico. Muy rico.

Entre las múltiples casas que tenía Amaro Pargo en Tenerife estaba la de El Socorro, en Tegueste. Mi padre me contaba que todavía colgaban cuadros de las paredes cuando él era un niño. Y que en sus macizos aparadores guardaban cuberterías de plata.

Por el testimonio de mi padre deduzco que la vivienda estuvo en un aceptable estado de conservación al menos hasta la década de los cuarenta. A partir de allí, tanto la finca como la vivienda sufrieron diversos expolios. Hasta hace unas décadas. Unos nuevos dueños terminaron destrozándola.

Los nuevos propietarios sepultaron la loza chasnera del interior, arrancaron ventanas y puertas antiguas y edificaron anexos que dejaron con bloques vistos. El ayuntamiento de Tegueste estuvo a punto de permitirles urbanizar adosados a su alrededor. Lo impidió la oposición de Eloina Rodríguez, una vecina de El Socorro.

Es llamativo que una empresa de videojuegos canadiense eleve a leyenda a un canario del que apenas hemos oído hablar. Y del que nos empeñamos en destruir su memoria. Es posible que hayan exagerado al personaje. Pero es indudable que a fuerza de pólvora y acero acaparó una fortuna. Para bien o para mal fue un hombre notable.

Amaro Pargo tuvo la suerte de morir de viejo en su cama. Aunque fue reconocido por sus contemporáneos, es un desconocido para la mayoría de los canarios actuales ¿Cuantos paisanos extraordinarios no habrán quedado sepultados por el polvo del olvido?

Canarias, una región que siempre tuvo más bocas que tierras, derramó a sus hijos a lo largo de América. Las historias de ellos son parte la nuestra, de los canarios de hoy. Contribuimos a la construcción de muchas naciones y hemos olvidado la memoria de nuestra diáspora.

El protagonismo de un canario en “Assassins Creed” debería enseñarnos dos lecciones. La primera es que para poder atisbar el futuro debemos recuperar el pasado. La segunda, hacer algo que hace tiempo olvidamos: soñar con el horizonte. Como Amaro Pargo, el isleño que no encontró fronteras en el agua.

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